jueves, 3 de abril de 2014

Capitulo dos

Иван


Y como se hace eso de hablar de alguien tan grande como él. 
Un día bajo esas escaleras, las de la universidad, como siempre apresurándome a entrar en clase de portugués; y sin saber porque algo me hace ir hacia ese chico del pelo largo y darle gran saludo, como si le conociera de toda la vida. Entré en aquel aula y no me di cuenta hasta que pasaron las horas, de que no le conocía realmente. Supongo, y quiero pensar, que mi corazón ya le quería antes incluso de que mi tonta cabeza se pudiera dar cuenta.

Luego llegó el Festival del Manga, ese lugar en el que no paro de trabajar ni un segundo y el respiro de la comida lo uso para seguir atendiendo gente que va a mi taller. Él estaba en la planta superior, encargándose de fotografía, eso que tan bien se le da. Como no pudieron mis ciegos ojos darse cuenta de su presencia. Estaba ciega. 
Pasado el Festival me dio por enviarle una petición de amistad, eso tan frío y a la vez tan importante hoy en día en esta sociedad táctil. Quien me iba a decir, que acabaría volviéndome loca por las fotos de su gata, a la cual no tengo demasiado cariño por el odio eterno que me a jurado por el mero hecho de oler a otros gatos. Maldita.

Entre fotos de gatos, Pink Floyd, vinilos varios, escritos y locura común, terminamos por hablar hasta, creo recordar, las cinco de la mañana. Al día siguiente le vi, bajando esas mismas escaleras, pero de forma diferente. Y tan diferente fue que resulta que yo había llegado antes a mi clase, al lado de la suya, e inventé la tonta excusa de ir al baño para ir en su busca. Le encontré, le di un saludo que no recuerdo cálido pero si tímido y bromeó públicamente que vaya con esa señorita que le hacia estar despierto hasta tales horas. Pensé: vaya, no lo oculta, que raro se me hace, casi parece una muestra de cariño.

Esa noche, tras mis suplicas de que aquellos que eran, y ya no son, amigos nuestros le invitaran al cine con nosotros funcionaran pude disfrutar de la inocencia que me merecía. Salí de clase y el y estaba en las escaleras de fuera, esperándome para ir juntos. ¡Vaya forma tuve de saludarle! un cariñoso abrazo por su espalda y un beso en su suave mejilla. ¿Que estaba haciendo?. Aun hoy me pregunto como pudo mi corazón tomar el timón de todo mi ser y hacer con mi cuerpo lo que le plació.
Ya podéis imaginar a que me refiero con disfrutar de una noche de inocencia. Compramos palomitas y refresco para los dos y durante toda la película de Thor dos hice mas caso a que mi mano se topase con la suya en aquel bol amarillo que a la propia trama. La película ni la recuerdo, solo como le acercaba la bebida cada vez que tomaba yo de ella.

¿Creéis que la noche termina ahí?, no. Roberto nos acerco a mi casa y el se bajó del coche en mi parada, quien sabe, su educación por acompañarme hasta mi portal resultó encantadora. Tanto que decidimos acampar en el hasta la mañana siguiente. Hablamos de tantas cosas... De mi pasado, de mis esperanzas, de las suyas...Caminamos hasta San Telmo y luego volvimos a ese lugar que ahora, para mi, ya no es donde paran los indeseables de mi edificio, si no nuestro propio observatorio, donde Marte y Venus son las estrellas que nosotros queremos que sean. Fue ahí, esa noche, cuando tras mis tímidas y nerviosas evasiones nos besamos. Jamás pensé que me fuera a gustar pero sus labios eran tan dulces, tan cálidos, reconfortantes para el frío de la noche y el de mi corazón.

Subimos a la mañana siguiente a mi casa, cansados claramente, pues la noche anterior habíamos agotado toda esperanza de sueño hablando, como ya os conté antes. Y vaya, tras desayunar le dije que durmiera en mi sillón. Al final, dormimos juntos en el, cubiertos con manta y amor. Mis padres se preguntaron quien era aquel chico, pero al parecer mi corazón ya lo sabía. Si es que al pobre ya le tocaba tomar por fin las riendas de mi vida y hacer algo bueno con mis desastres. Dormir con el fue dulce, casi infantil. A la hora de comer le hice marcharse sin que comiera, y no recuerdo ya bien, si fue ahí o fue esa noche cuando marchándose me dijo que me quería. ¿Como? ¿Me quieres? ¡Pero si no me conoces apenas!. Hoy en día no se lo reprocho para nada, pues dado que mi corazón hizo de las suyas con el de él, es mas que comprensible. 
Ellos sabían, antes que nosotros, que por fin se habían encontrado sus mitades. 

Viene ahora la parte dramática de la historia....JA. ¡No hay parte dramática por ninguna parte!. Al día siguiente, en nuestro observatorio, me leyó una carta preciosa con la que me pidió que fuera su novia, y yo, dudando de lo que hacía en mi mente pero segura de ello en mi corazón solo pude decir: ¡SI QUIERO!

Y es así, queridos lectores, como comienzan las historias de amor de verdad. No pienso hacer eso que he hecho hasta hoy que hacen todas las parejas, no, ahora no es cuando digo: Y estamos muy bien actualmente desde ese entonces, blablablabla. ¡NO!. Pienso relatar los hechos tal y como los siento y recuerdo sin ahorrarme detalles.

Eramos como una pareja de osos amorosos, no podíamos parar de besarnos. Para mi, coger su mano por la calle fue un paso tan grande como la ida y vuelta a la luna. De repente me hacía ilusión poner en las redes sociales que él era mi novio, que lo supiera todo el mundo. No se que rayos me pasó, pero lo agradezco a día de hoy.

Tardamos como dos o tres semanas en conciliar nuestro "amor" de esa forma tan carnal. Parecíamos tan vírgenes, como si fuese la primera vez. Pero sabes que, era la primera vez que nuestros corazones hacían el amor, ellos, los que se dieron cuenta antes que nosotros de que eran las piezas que encajaban ahora y siempre. 

A mas escribo, mejor consigo respirar, a pesar de que sean ya las seis de la mañana y mis ojos empiecen a querer cerrarse. 

No termina aquí, claro que no, hay películas cuyas segundas partes son buenas. Y este libro tendrá algo mas que una trilogía que ofrecer.
Así que antes de que me mates, querido marido, me voy a descansar un poquito, ya que por lo menos dormida, no me preocupo de respirar.


Te amo

Ивáн и Хелена 

No hay comentarios:

Publicar un comentario